HISTORIA  

Sucinta Historia de Casa de Luz:

La fundación de ICM Casa de Luz , comienza con con la llegada del Rev. David Pettitt, misionero y miembro de Resurrección ICM (Houston,Texas) en Enero 2 de 1998.

David vivió anteriormente en la Ciudad de México y Guadalajara como un tiempo de preparación, aprendiendo el idioma y su cultura, en constante oración sobre el llamado que Dios le estaba haciendo. Sintió que era necesaria la fundación de una nueva ICM.

El Espíritu Santo abrió muchas puertas durante la primer semana en Monterrey. La primera, con el Colectivo “Nancy Cárdenas”, donde el día de su llegada, David conoció a su administrador Abel Quiroga. Abel, generosamente, ofreció su apartamento para que él se estableciera y como un lugar de trabajo.

Justo una semana después a las 8pm – 9 de Enero- se celebró el primer servicio de adoración, ICM Monterrey fue dada a luz.

Exactamente un mes después, encontramos la que es hoy nuestra Casa. Desde entonces, hemos caminado y construido este Centro Comunitario de vida y de fe, donde las puertas están abiertas para todas las personas.

A lo largo de estos diez años de vida en la ciudad de Monterrey, la Iglesia de la Comunidad Metropolitana, ha predicado un mensaje inclusivo del Evangelio de Jesucristo a todas las personas sin discriminaciones, bendiciendo sus vidas y relaciones; liderando una pastoral liberadora de la persona humana y de la familia, que valora los derechos humanos y reconoce y promueve una sexualidad plena y responsable, ha optado preferencialmente por aquellas personas que son rechazadas por su orientación sexual y/o su identidad de genero, por sus familias y amistades con el propósito de ayudarles en su dignificación como hijas/os amados por Dios, a partir de la construcción de una identidad positiva

La iglesia también ha desarrollado un ministerio comprometido con los derechos de la Diversidad Sexual y la prevención del VIH-SIDA difundiendo información, creando espacios de discusión, promoviendo el uso correcto del condón, participando del activismo social junto a otras organizaciones que persiguen los mismos fines; ha desarrollado un ministerio sostenido con niños en el Albergue del Cristo Roto (Colonia Fomerrey112, San Bernabé) organizando fiestas para los niños y una escuelita bíblica en la que ofrecer cursos de evangelización desde una perspectiva liberadora de las buenas nuevas de Jesucristo, un ministerio que comenzó siendo dirigido a un grupo pequeño y a la fecha reúne a más de 250 niños, en dos veces al año en torno al día de los niños y las posadas de navidad; .

ICM Casa de Luz ha sido un faro de luz Cristiana, enmedio del odio y del rechazo, enmedio de las condenas y la homofobia llevando paz y confianza a las personas gays, lesbianas, trans, bisexuales, sus familias y amistades.

A partir del año 2005 la iglesia logra concretar su registro legal en México como Asociación Religiosa y su denominación es Iglesias Comunitarias Metropolitanas de México, A.R.

 

La Historia de la ICM

En 1968, un año antes de las revueltas de Stonewall en Nueva York, una serie de eventos en California se tradujeron en el nacimiento de la primera iglesia en el mundo con un ministerio básico y positivo para las personas gay, lesbianas, bisexuales y transgénero.

Tales eventos incluyeron una relación fallida, un intento de suicidio, una reconexión con Dios, una profecía inesperada y la concepción de un sueño. Juntos, condujeron al primer servicio de culto de ICM: una reunión de 12 personas en la sala del apartamento del Rev. Troy Perry en Huntington Park, California el 6 de octubre de 1968…

Adaptación del libro El Señor es mi Pastor, y Sabe que Soy Gay, del Rev. Troy Perry:

Por fin había llegado ese primer servicio de culto dominical. Me puse de pie, nervioso, viendo hacia la puerta, preocupado a morir. Había limpiado la sala y colocado algunas sillas, y puse una mesita como altar. Le había pedido prestado un hábito a un ministro a quien antes había yo ayudado. Él insistió en que debía predicar con hábito en ese primer servicio. También pedí algunas charolas a algunas amistades, Steve y su pareja, Lynn, para la comunión. Dispuse todo y me paré en la cocina. Me mantuve ahí, nervioso, con el hábito prestado y aferrado a la Biblia, cuyas páginas hojeaba con el pulgar.
Entonces, la gente comenzó a reunirse. Mi compañero de habitación y querido amigo Willie Smith les dio el paso. Los saludé, y vi que tomaran asiento. Un amigo de nosotros trajo a su hermano hetero y a su novia. Otras personas se aparecieron, la mayoría había sabido por comentarios de alguien más, pero finalmente, tres personas que habían leído el anuncio en la revista Advocate, se hicieron presentes.

Había 12 personas en la sala, y yo entré y le pedí a todos que se pusieran de pie, diciendo “Presentémonos ante Dios con una oración”. Nos tomamos de las manos y oramos. Entonces dije, “Cantaremos algunos himnos”. Les invité a que abrieran una página en un himnario, libros que habíamos pedido prestados de la iglesia donde había sido predicador invitado en la Pascua anterior. Nadie sabía qué esperar. Todos estaban tan nerviosos como yo. Todos esperaron que yo tomara la iniciativa para cantar y ponerse todos a cantar, así que lo hice.

El siguiente domingo, fuimos 14 en vez de 12. Me puse de pie, vi a mi alrededor y dije, “si aman a Dios esta mañana, digan ‘amén!’ “ Y todos me respondieron con un ‘amén’. Desde entonces ha sido así.

El siguiente domingo tuvimos 16 y me puse de pie y dije: “Bien, veamos. ¡Gracias, Jesús, estamos en marcha!”.

Pero el cuarto domingo éramos sólo nueve, y casi me moría. Lee, un amigo de mis días en el ejército y ahora asiduo visitante, dijo, “Esa mañana, cuando nos miraste al grupo y viste que se había reducido, podría asegurar que estabas mortificado. Te paraste y predicaste, y predicaste como poniendo toda tu alma. Se podría decir que la pusiste”. 

Le dije, “Bueno, ese fue un sermón que Dios dió especialmente para mí”.

Al siguiente domingo éramos 22 los asistentes.

Volvimos a crecer en asistencia, y desde entonces no hemos bajado.

Entonces comenzamos a organizarnos.

Decidimos algunos procedimientos regulares como el de la comunión. Siempre sería una comunión abierta. Siempre manifestaríamos que sería así.

Extenderíamos una invitación para que todos se acercaran a la mesa del Señor. Nos prepararíamos para un acto de confesión abierta. Pediríamos la absolución y se nos concedería. Entonces participaríamos en el acto de la cena en la mesa del Señor, al tomar el pan mojado en vino.

Utilizamos los libros de culto de las iglesias Episcopal, Presbiteriana y Luterana, así como aquellos que los miembros de la congregación deseaban incluir. Experimentamos y dimos cabida a todo ello.

La nuestra fue una iglesia que trabajó activamente y creció. Sabíamos que el culto a Dios surge del corazón. Sentíamos que la diversidad y la libertad y la sinceridad verdadera del culto, nos acercaría en unidad. Y así ha sido.

Cuando finalmente obtuvimos nuestra carta constitutiva, lo hicimos como la Fraternidad Universal de Iglesias de la Comunidad Metropolitana. En esa organización establecimos misiones y nuevas iglesias, y todo nuestro programa de acción social, económica y política.

La gente salió de entre las sombras, fuera de sus closets, salió de su medio-mundo. Fueron atraídos a la Iglesia de la Comunidad Metropolitana.
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